miércoles, 1 de mayo de 2013


La primera luz del día comienza a iluminar aquella triste habitación, frecuentada por parejas huérfanas de pasado. En ese escenario gris, ellos no desentonan.
Frente a la cama él. Permanece sentado en el sillón donde se amontona la ropa. Con la camisa sin abotonar, a medio vestir, la observa mientras fuma otro cigarrillo y continúa esperando su respuesta.
La sábana tapa su cuerpo desnudo, la cara aún con restos de maquillaje barato, despeinada, no se mueve, no dice nada. Había hecho bien su trabajo y cumplido con lo acordado.
Desde el principio la había examinado minuciosamente; siempre lo hacía. Era distinta a las demás. Su cuerpo delicado, y la elegancia con que se movía impropia en su oficio. La manera de hablar y esa aparente ingenuidad la hacían tan vulnerable... Lo valoró todo y finalmente había decidido seguir adelante. Ahora si: abrir su corazón, dar rienda suelta a sus sentimientos y enamorarse de ella.
Su proposición había sido clara y esperaba una contestación, pero ella permanecía quieta, en silencio, justo desde el momento en que él, nervioso, tapó sus carcajadas con la almohada.

2 comentarios:

  1. Primer texto, primer comentario. Presentas una escena y unos personajes claros, lo distinto es ese deseo, abrir su corazón, amarla para luego silenciarla. Duro desenlace.
    Te deseo un buen camino en el mundo bloguero y espero que encuentres buenos amigos.
    Un abrazo Jacc.

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  2. !Te encontre! Me ha encantado el relato, ternura y crueldad a la vez, cómo la vida misma. !Animo! Voy a ver si consigo ponerte entre los blog que sigo.
    Un abrazo.

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