jueves, 6 de junio de 2013

Llevaba varias semanas en casa de los abuelos y Marco no estaba a disgusto, aunque la novedad inicial dio paso a largos y tediosos días que se sucedían a la espera de no se sabía muy bien qué...
La abuela le preguntaba que quería comer y si algo no le apetecía, sin reparos, le preparaba cualquier otra cosa. Su madre, por ejemplo, no hubiera sido tan condescendiente con las lentejas... Veía la tele tanto rato como deseaba, pero no le dejaban subir el volumen. No lo entendía porque la abuela estaba medio sorda y además y para colmo últimamente estaba todo el día sonándose la nariz por culpa de ese maldito resfriado - decía.
Esa anormalidad se veía alterada de vez en cuando, al aparecer su madre por la casa. Con gesto serio hablaba en voz baja. Otras veces, de repente, él y sus hermanas irrumpían en la habitación y entonces callaba y los abrazaba. Eso si, siempre les recordaba que no dejaran de leer y hacer los deberes.
Debía ser realmente importante, lo que estaba pasando, porque nunca la había visto tan preocupada.
De todas formas, cuando su padre volviera solucionaría aquello que a todo el mundo le parecía tan grave. Tenía ganas de verlo para contarle que había sido seleccionado para el equipo de fútbol del cole, pero siempre que había querido ir a visitarlo al hospital hubo de quedarse acompañando a sus hermanas y a los abuelos. Para eso, decían, era el otro hombre de la casa...

1 comentario:

  1. Se agarra al corazón este cuento y con la imagen que has elegido crece y gana una fuerza increible.
    Doble felicitación.

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